Existe un concepto entre los investigadores de la memoria: que esta actividad cognitiva es más una función del olvido que del recuerdo. El olvido es enorme en comparación con lo grabado; es esencial para funcionar correctamente y generar procesos de aprendizaje, claves para la correcta toma de decisiones. Toda la información es seleccionada, pues sería imposible recordarla toda.
La memoria no es un registro fiel, sino un proceso selectivo y emocional. Se sostiene que "la lentitud es directamente proporcional a la intensidad de la memoria", sugiriendo que un procesamiento pausado y consciente fija mejor los recuerdos. La memoria declarativa, que es la memoria consciente, lo que en general todos conocemos como memoria, presenta tres tiempos. El primero es la memoria inmediata o de trabajo, que es la que se afecta generalmente en los problemas psicológicos y en la multitarea (y mucho menos frecuentemente en enfermedades demenciales). La segunda es la memoria anterógrada, que tarda unos minutos en grabarse y es la afectada en la enfermedad de Alzheimer. Y la tercera es la retrógrada, que es la memoria de los eventos pasados, que se recuerda en cualquiera de estos problemas cuando son leves o moderados.
Sobrecarga, multitarea y atención
La vorágine de la urbe, con la vida cotidiana incrementada, sumada a la ansiedad pospandémica, ha llevado a gran parte de la población a realizar múltiples trabajos. Pero también ha aumentado sustancialmente la cantidad de estímulos a los que nos vemos sometidos, aun en zonas rurales. El incremento tecnológico de medios, redes, streaming, charlas virtuales y sistemas de transporte generó una curva ascendente de necesidades de experiencia, produciendo una importante sensación de falta de tiempo y ansiedad anticipatoria consecuente, o también percepciones de oscuridad e incertidumbre obsesiva con impacto en la toma de decisiones.
Los adelantos tecnológicos y la falta de tiempo hacen que la sociedad actual exija cada vez más del ser humano. Entre tantos requerimientos, uno de ellos es la capacidad para realizar más de una tarea a la vez. Cuando una persona realiza múltiples tareas utiliza la atención, la percepción y la memoria de trabajo entre sus funciones principales, llevando a una acción inmediata. La mayoría de los estudios considera que la atención es el proceso clave de la multitarea, siendo esta una capacidad finita que, al repartirse, ocasiona pérdida de calidad en el proceso de concentración.
La atención es el sistema por donde ingresaría la información consciente al sistema nervioso. Es una función que intenta concentrar en un punto la mayor cantidad de energía sensorial consciente que recibe el cerebro e inhibir el resto de los estímulos. De este modo, es un proceso muy rápido que actúa previo a la memorización. Diferente es la memoria, que por definición es una función del recuerdo, es decir, presentifica el pasado, aun en su forma más rápida, la memoria inmediata o de trabajo, que igualmente implica segundos.
La atención requiere no solo sostenerse durante un corto tiempo, sino que lo más importante y difícil es mantenerla de manera sostenida. Implica, entonces, no solo la concentración en un punto, sino la inhibición lateral de otros estímulos y la capacidad de sostenerla en el tiempo, pero asimismo poder interrumpirla si aparece otra información sensorial más relevante. Esto implica la capacidad de flexibilidad cognitiva.
Memoria, cerebro y enfermedades
Esto se altera en patologías psiquiátricas como la ansiedad, el autismo, el déficit atencional, la esquizofrenia y otras problemáticas con claros déficits atencionales. Otras enfermedades, como el Alzheimer, sin embargo, afectan memorias más tardías y pueden ser confundidas con alteraciones de la atención sin serlo. Aunque lo más frecuente es que se produzcan fenómenos patológicos que disminuyan la capacidad de recuerdo y aumenten los olvidos.
Esto sucede en enfermedades como el Alzheimer, en las que se ausentan los recuerdos recientes, pero a expensas de la interrupción del ingreso de la memoria declarativa consciente. Al alterarse en esta patología el hipocampo, una especie de embudo de ingreso de la información mnésica al cerebro, la persona puede registrar lo inmediato, pero no logra grabarlo ni consolidarlo para recordarlo posteriormente.
El hipocampo, puente de la memoria, es pequeño pero clave en el ingreso de la nueva información. Puede verse afectado como órgano vulnerable en traumatismos de cráneo, crisis emocionales, crisis epilépticas, accidentes vasculares, infecciones y trastornos alimentarios, entre otras causas, interrumpiendo el ingreso de la información.
El sueño ocupa también un lugar importante en los mecanismos del olvido. Durante la etapa de movimientos oculares rápidos, un proceso muy activo del cerebro, se piensa que se eliminan los recuerdos que no tienen impacto emocional; es decir, los menos relevantes, conservando solo la información que ha sido emocionalmente significativa, ya sea positiva, negativa o intencional, como en el estudio.
Los procesos del olvido pueden ser patológicos, pero generalmente forman parte del correcto funcionamiento psíquico. Ser capaz de olvidar significa cordura. El recuerdo es lo que permanece y se evoca como consecuencia de la plasticidad neuronal y de las conexiones sinápticas que se hayan generado. La información antigua, aun habiendo perdido conexiones, puede regenerarse. En última instancia, la memoria está constituida por proteínas, y su disminución, con la consecuente pérdida de sinapsis, producirá mecanismos de olvido.
Por eso, cuando realizamos una campaña de trastornos de memoria, aproximadamente solo el 10 por ciento tiene Alzheimer. El resto presenta olvidos por la gran cantidad de actividad, la rapidez a la que trabajamos, la sobreexigencia o directamente por ansiedad, obsesiones, depresiones o déficit atencionales. La gran mayoría presenta problemas funcionales de memoria, algo generalmente funcional y benigno.

